16 feb. 2010

Agora no, que dirían por ahí


Nunca he sentido un especial interés por el cine de Amenábar pero el domingo en la gala de los Goya mirando su cara de me pica y no me puedo rascar simpaticé un poco con él. Supongo que como andaba dándole vueltas a las razones que le permitieran resolver el porqué una película de tres millones arrebata los mejores premios a una de cincuenta no pudo improvisar otra que esa tan típica de las galas, festivales y demás cuando se piensa que uno es el que realmente merece el premio, cara de felicidad estreñida.

Si he de ser sincero debo confesar que todavía no había visto ninguna de las dos pero a tenor de los precedentes de cada director lo más lógico sería apostar por el tío que en su haber figura como opera prima Tesis y no por el que firmó El corazón del guerrero. Anoche mientras cenaba un espectacular arrocito con chipirones fui comprobando una a una esas razones que seguramente Amenábar buscaba la noche del domingo.

Presumo y solo presumo, que cuando se invierte tanto dinero en algo que no dura más allá de las dos horas no puedes evitar que haya demasiada gente a tu alrededor interesada en que todo salga como ellos piensan que es la mejor manera posible. Me gusta pensar esto y no que a Amenábar le vino grande el traje, me gustaría pensar que a la quinta vez que repitieron la escena en la que se cargan los decorados el director perdió de vista el conjunto de la historia y se centró en grabar con éxito la siguiente toma. Lo cual es tan peligroso que puedes acabar rodando el clímax de tu película con la cámara boca abajo.

La mayor parte de los planos con grúa están mutilados, muchas de las transiciones encajan con calzador, cámaras lentas de mal gusto, rápidas fuera de lugar, vergonzante abuso del Google Earth… todo esto indica que la idea que tenía entre manos era diferente cuando estaba rodando pero al llegar a la sala de montaje no le casaba un plano con el otro ni de casualidad; así que a duras penas se puede salvar la historia pero ni hablar del ritmo, prácticamente invariable, ni de los personajes, de los cuales no se termina por empatizar con ninguno; ni de la acción, que salta de escaramuza a discurso de Hypatia y de discurso a escaramuza desde el minuto uno hasta el final de la película sin apenas nada más que un inciso romántico cogido por alfileres.

Y lo peor de todo es que pese a su elevado coste no puede reprimir un más que notable tufillo a telefilm de sobremesa.

Aun así he de reconocer que Amenábar tal vez sea el único director de cine español en toda su historia que ha entendido el cine desde una de las mejores perspectivas que éste puede tener, que es la del espectáculo.

Me quedo con Rachel Weisz a la que amo profunda y secretamente.

2 comentarios:

Qcousas dijo...

En fin...eu non apostaba para nada por Amenábar, que a verdade non é dos meus directores preferidos...o tío sabe o que fai, desde logo, pero a min non me chega, coma dis acertadamente, eu non empatizo coas súas historias (só con algunha)...
Celda 211, aínda que previsíbel, gustoume...
E si, a cara de Amenábar durante a gala: un poema...
Por certo: COMO ME GUSTA MARIBEL VERDÚ!!!!!

Pato dijo...

Me gustan Amenábar y Weisz, mogollón. Pero no he visto Agora y tampoco la de Tosar, quién, mira tú, también me gusta mogollón. Al final salgo yo ganando, jeje.