20 sept. 2010

La película definitiva es un anime


La verdad es que soy un tipo realmente pedante, uno de esos que sólo ven pelis que tengan muchas estrellitas en su reseña del Filmaffinity. Aunque al llegar a casa después del curro lo único que apetezca es una marcianada con muchos tiros y vertidos de sangre coreografiada en naves espaciales no sé cómo lo hago que casi siempre acabo viendo un dramón de adolescentes inadaptados, chinos dando lecciones de vida o “profundas” reflexiones sobre esto y lo otro. Llamadme enfermo pero sí, no lo puedo evitar. Hace unos meses me dio por el anime, que tenía bastante abandonado desde mi adolescencia. Procuraba descargarme las series más bizarras, sangrientas e intranscendentales del planeta Japón pero sin darme cuenta entre una y otra me iba metiendo en vena alguna que otra obra maestra. Así fue como llegué a Perfect Blue y con ella a Satoshi Kon, que ayer luego de visionar Paprika establecí en los altares de la cinematografía mundial a la derechita misma de Buñuel, Kubrick y compañía.

Paprika
es una película tan rica y fascinante que podría tirar de uno solo de sus hilos y extenderme en halagos durante horas, lo que probablemente les disuadiría de verla, por tanto me abstendré de hacerlo. Pero para mantener el peso de mi ego voy a soltar una pomposa frase de las mías: si el cine es un medio de materializar el tejido de los sueños Paprika lo es para hacer de éstos el tejido del propio lenguaje cinematográfico. Cómo enlaza cada plano, señores! Qué elegancia en el corte! Qué maravilla de montaje!


Y eso de que no se entiende (una de las críticas más recurrentes), ¡mis cojones! La trama argumental se entiende a la perfección con un mínimo de cuidado, más allá de todas la pajas mentales a las que induce la cinta sobre qué es realidad, qué ficción, quién demonios somos, cuál es nuestro alter-ego y todo eso que van al gusto del espectador.


Yo quiero morirme y reencarnar en Satoshi Kon, o que muera una oveja o un árbol milenario y se reencarnen en este tío, por dios, porque la ha palmado este verano a los cuarenta seis años con tan sólo una serie para la tele, cuatro pelis y otra por estrenar.


Un apunte más, Wolfgang Petersen (que no es manco, responsable de por ejemplo la magnífica Das Boot [El submarino] o En la línea de fuego) se ha comprometido a adaptar Paprika en imagen real para el año que viene. Supongo que la cagará, de momento ha soltado el gachó que su versión generará un impacto comparable al que provocara Matrix en su estreno. Desde luego si en occidente el género animado no estuviera relegado a los frikis y a los menores de edad esa repercusión ya la habría tenido.