12 mar. 2010

Los olvidados del Notodofilmfest. Tercera Parte

Iba a soltarme el pelo con los chicos de los Oscar, que un año más han demostrado una buena falta de originalidad concediendo premios (véase por ejemplo mejor guión: The Hurt Locker) pero por el contrario he decidido continuar la saga diabólica del Notodofilmfest.

El caso que hoy nos ocupa es la controvertida decisión de las aventajadas cabezas pensantes del Notodo de dejar desierto el premio Triple Destilación. Pues muy mal señores!!! Han quedado fatal ante la nada depreciable cifra de ciento noventa y dos participantes. Y no vengan ahora con eso de los trabajos finalistas no estaban a la altura de nuestro elevado nivel de exigencia [sic], pero por favor, si han nominado algo tan vergonzante como Amor al can. Su nivel de exigencia es nulo, o aun peor, varía en función de cuál de sus colegas le lustra mejor el trasero. (Paradójicamente, y supongo que para disimular, al que mejor lo lustra de todos le dejan fuera.)

Podría dar una lista, esos que más o menos todos tienen en mente, de los que deberían haber merecido una mejor recompensa que el ostracismo mondo y lirondo, cortos como Nacional 630 del hacendoso Jim-Box, Penica de Pablo Vara, Doctor Rüdingerk de Javier Botet y David Pareja… etc. Pero voy a hacer algo mejor, voy a colgar tres destilados que ni siquiera llegaron a la final, (otro motivo más que demuestra la indolencia del comité de selección), y que como poco merecerían estar en la fiestecica del Notodo con su pulsera negra de nominados.

No vayan a pensar en grandes obras de la cinematografía mundial, pero son muy buenos chistes, me hacen más gracia que la mierda esa de El fin del mundo del enchufado de turno.

Primero. El mentalisto de Alberto Triano Palacios.



Segundo. Cinco minutos más de Josep Gatell Castro.



Tercero. .Come de Sergio Espino.

4 mar. 2010

Los olvidados del Notodofilmfest. Segunda Parte

A ver, lo que es el cabreo ya se me ha pasado, ahora lo único que quiero es ir a la fiesta de Nani y beber gratis tanto como para amortizar la deuda del estado español. Pero como acabo de discutir (figuradamente, no se vayan a creer que estoy majara) con mi mascota en el facebook y continuo sin poder dormir voy a dedicarle otro post a esa gran chupada de polla que es el Notodofilmfest.

Bueno, primero les voy a sugerir un ejercicio de imaginación. Imaginen pues que por un momento un científico loco en su laboratorio clandestino desarrolla un virus perfectamente letal y que solo afecta a cineastas con al menos una película en su curriculum. ¿Y por qué ha concebido semejante arma biológica? Ufff… vete a saber, igual de pequeño le obligaron a ver Sesión Continua hasta que le sangraron los ojos… En fin, la cosa es esta, antes de que consiga aislar el virus las tropas estadounidenses (...) irrumpen en su laboratorio matan a los monitos, al científico loco y a la madre que los parió. Al destruir el recinto liberan el virus que se extiende rápidamente por la faz de la tierra y mata a todos los directores de cine. El primero en caer es Lars Von Trier que ya estaba un poco muerto. El último es Pedro Almodóvar que se había refugiado en un convento. Es el apocalipsis de la industria del cine. Pero de las cenizas surge un puñado de “aguerridos” productores para convencer al todopoderosísimo señor Basile de que el cine no sólo sigue siendo un buen negocio sino también una buena excusa para montar unas fiestas de la hostia. Ya convencido se encuentra con el dilema de que película le gustaría producir... más al instante se dice a sí mismo, bien, haré “Alatriste, la resurrección”, no, mejor “28 años después”. ¿Y quién la dirigirá después de que la raza de los cineastas se haya extinguido por completo?

Pues gente que hace cortos, claro, y de éstos… si solo pudiera elegir entre los finalistas del Notodofilmfest estaría bastante jodido, puesto que en esta clase conviven nada más que tres tipos: los frikis, señores que hacen la pelota y los que van de rollito autor.


Casi ninguna mente calenturienta que va cagando cortos y participa en el Notodofilmfest ha comprendido apenas nada de lenguaje cinematográfico, salvo contadas excepciones, como una grata sorpresa, que por supuesto fue excluida de la final. El corto se llama El Monstruo del Armario de Pablo Conde Fernández, un perfecto ejemplo de género, donde cada plano funciona, nunca es gratuito y conduce a un resultado, en este caso, el terror.