Mostrando entradas con la etiqueta estrenos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta estrenos. Mostrar todas las entradas

1 feb 2011

Lo que Abel Gance, Jaime Rosales y Danny Boyle han hecho por la multipantalla en el séptimo arte.


Danny Boyle tal vez sea de los pocos directores en arriesgar la más variopinta gama de recursos “circenses” dentro de sus películas con un mayor número de aciertos. Mírese sino Slumdog Millionaire, fantástico film efectista a más no poder que cumple todos sus objetivos desde el primer minuto hasta el final… te entretiene, te abruma, te acongoja, y te saca la indignación hipócrita que gasta cualquier hijo de vecino cuando se siente hermano de la humanidad. Así es Danny Boyle un hábil prestidigitador y un charlatán convencido, pero ¡leches! Qué buen cineasta también.

127 Hours es un excelente ejercicio de algunos de estos trucos. El tipo ya en los títulos de crédito te calza un videoclip para no asustar, como diciendo: “tranquilo muchachote, que no te vas a aburrir”. Y no te aburres, estás a punto cuando parece no haber más tu tía pero no, es un pequeño descanso para preparar el clímax, donde también estás a punto, pero no, al final sueltas la lágrima, lloras un poquito como dándote vergüenza por ser manipulado tan fácilmente.

Realizar una película en base a un solo personaje y limitada a un solo escenario no es fácil, existen centenares de factores por los que se puede ir al garete pero requiere de tan solo una condición para que funcione, dicho de otro modo: más vale que el personaje nos caiga bien, porque de lo contrario no hay dios que aguante el truño. Danny Boyle a diferencia de otras cintas de similar planteamiento, (sin poder resistirlo la voy a comparar con la “española” Buried del redicho opositor a contertulio de Que grande es el cine Rodrigo Cortés), desde un primer momento define al protagonista dentro de la posición del héroe, nunca como a un tipo normal al que acaece una fatalidad, nunca como a un anónimo… sino como el tío que nos gustaría fuera nuestro colega. James Franco es nuestro colega, todo el rato, y no queremos que se muera en ese agujero, por eso se nos encoge la boca del estomago cuando apenas queda agua en su cantimplora, eso es lo que le diferencia del personaje de Ryan Reynolds en Buried, que nos toca tres cojones que muera, venga Obama a salvarle o se descubra que todo ha sido un sueño del señor Resines. Y para conseguir esto Boyle sacrifica únicamente los primeros quince minutos de película, establece quien es Aron Rastlon y porqué su historia merece ser contada.


Mención especial al trabajo interpretativo de James Franco que en ningún momento flaquea ni dejas de creértelo. Ahí, ahí va a estar en la lucha por el oscar.



14 ene 2011

Natalie Portman lo sabe



Ella dice:

I felt it. Perfect. I was perfect”. Son sus últimas palabras y lo sabe. Natalie Portman lo sabe. Tiene medio oscar en el bolsillo y media legión de fans prácticamente analfabetos buscando en la wikipedia quién cojones era Tchaikovsky. Esa es la magia del cine, la que hace que se distinga de las demás artes, la posibilidad de acercar la belleza y la perfección a las masas manteniendo de manera simultánea al instrumento de la misma en una categoría análoga a la del pop star. Darren Aronofsky lo sabe. Darren Aronofsky es un genio. Y también lo sabe. De sus cinco películas dos son magistrales, dos son de culto y una… bueno, una es bastante discutible.

Black Swan entra dentro de las magistrales. No es perfecta pero tampoco creo que Aronofsky lo pretendiera, solo crear la ilusión de que sí lo es. La mitad de la cinta es sobria y sí, perfecta, puesta en escena, clima, suspense, desarrollo, actuaciones. La segunda mitad no es perfecta pero está lejos de apelativos como “conjunto de despropósitos”, “ejercicio de histeria”, “esperpento barato” (… por cierto, cada día que pasa me convenzo más de que el criterio cinematográfico de Carlos Boyero es tan válido como el sentido de la democracia para Hugo Chávez). Es justo esa amalgama de efectismos, para nada caóticos o maliciosos qué dicen, sino concienzudamente hilados y programados los que nos llevan hacia la consecución de un climax que, señores! dura treinta minutos. No me vengan ahora con el cuento de si la abuela fuma o si la abuela se mea… el cine es trampa, siempre lo ha sido y Hitchcock hacía trampa todo el rato. A ver si este judío pagado de sí mismo no va a poder!

Morfología de una pesadilla, la belleza y su lado oscuro, que es la obsesión por conseguirla. Si el gran Satoshi Kon levantara la cabeza se sentiría bastante más orgulloso de la reinterpretación que hace Aronofsky de Perfect Blue que la que hizo este mismo año Christopher Nolan de Paprika.